El derecho al karaoke

"Nos cuesta acostumbrarnos a que la gente puede ser imbécil, friki o despreciable sin que haya que perseguirla penalmente. Ni siquiera por cantar mal. La democracia es también el derecho a torturar los oídos de tus semejantes". Por Xosé Hermida

           

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Hay quién no ve más allá de unas palabras, de la letra de una canción. El trasfondo, la intencionalidad y agresión que acompaña con nombres, apellidos e instituciones, es decir con señalamiento directo, es incitar al peligroso lodazal del odio. Al igual que quemar una bandera no es quemar un simple trapo, es quemar lo que representa, que no es ni más ni menos que un país, faltando a aquellos que la respetan, tomando el camino de la intolerancia con tu amigo, vecino o familiar. Actitudes que enfrentan, que alientan a un mundo peor, a la negación de leyes que intentan protegernos de una cadena de eslabones, donde un eslabón lleva a otro y a otro más peligroso, desencadenando al final en una anarquía en la que sería imposible convivir sin leyes que amparen nuestra seguridad.
En una ocasión Facebook llegó a mandarme una notificación en forma de advertencia de que cancelarían mi cuenta si había una segunda vez, por decir en respuesta a un comentario "fanáticos enfermos". Tampoco puedo hacer ningún comentario con la palabra gil******* ( y sin dirigirme a nadie directamente, diciéndolo de forma generalizada). Lo mío también es libertad de expresión, pero lejos de encabronarme, veo muy bien este aviso, lo respeto y me señala el camino correcto del que no debo despistarme. Las normas, las políticas de empresa, las leyes están para eso, para marcarnos el mejor camino y evitar que nuestros actos puedan llevar a otros actos más perjudiciales.
¿Que se pueden mejorar o modificar muchas de las leyes? Por supuesto. Muchas. Pero pensemos siempre la manera correcta de reclamarlas y si lo que reclamamos nos perjudicaría más que otra cosa. Por esa cadena de eslabones de la que hablaba.


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