Madame Claude, la proxeneta más famosa de Francia se asoma a la televisión

"Hay dos cosas que funcionan en la vida, la comida y el sexo. Y yo nunca estuve dotada para la cocina”, solía decir Madame Claude, cuyo negocio llegó a contar con 150 mujeres y que conoció los secretos de presidentes, reyes y empresarios. Pero al final, murió sola y en la pobreza

           

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LAS VIKINGAS: ¿HACIA UN NUEVO IMPERIALISMO IDEOLÓGICO?

Una rama de feministas fanáticas mete en la misma bolsa (¿o más bien botín?) el trabajo sexual con explotación sexual, para seguir imponiendo su agenda ideológica financiada y exportada desde Escandinavia y otros lugares con claras intenciones políticas, económicas y culturales, y donde arrasan con todo lo que no encuentren políticamente correcto según su nuevo modelo de "civilización". Pero son cosas y contextos muy distintos:

1) En toda actividad productiva humana existe una línea conceptual muy clara entre trabajo y esclavitud. El primero es voluntario, la segunda no (a pesar de los matices que pueden dar los empleados "normales" que destestan sus trabajos en sus empresas, pero ese ya es otro tema).

2) Muchas personas usan sus cuerpos para trabajar: obreros, campesinos, deportistas, bailarines, fisioterapistas, etc. y en todos esos campos puede haber trabajo voluntario o explotación. Pero si se incluyen las palabras "sexo" y "hombres", ahí sí salen estas feministas a imponer su discurso de Caperucita y el Lobo donde las mujeres "SIEMPRE" son "VÍCTIMAS" solo por ser mujeres (al mismo nivel de los niños y las personas con retraso mental que "no pueden" decidir por si mismas) y los hombres siempre son perversos "DOMINADORES" solo por ser hombres, ignorando de manera muy conveniente que el sexo puede ser usado como herramienta de manipulación y de poder tanto por ellos como por ellas.

3) Igualmente, esta vikingas "olvidan" que muchas mujeres también compran sexo a su manera, y que la alternativa para algunas es quedarse en un eterno verano sin que nadie se les arrime o logren ligar por distintas circunstancias, quedando condenadas a una vida social asexuada. Pero de ellas no dicen ni "mu", en todo el sentido de la palabra.

4) Ya existen drásticas leyes contra la explotación, y lo que debe hacerse es fortalecer su aplicación. Pero las personas que trabajan sexualmente con sus cuerpos de manera voluntaria deben tener todos los derechos de ley y de salud como cualquier otro trabajador, incluyendo no solo que se respete su derecho al trabajo sino también el no acoso a sus clientes por parte del Estado.

5) Y antes de que me insulten, debo destacar lo paradójico de que, según la dictadura ideológica de género, las mujeres para unas cosas sí tienen todo el "derecho" y el criterio de hacer lo que quieran con sus cuerpos como en el caso del aborto o cirugías y tratamientos transgénero (incluso desde niñ@s), por lo que, en consecuencia, el Estado y la sociedad "deben garantizar" que existan médicos, clínicas y todo tipo de asistencia para realizarlos, pagados con nuestros impuestos y con todo el acompañamiento institucional y de la maquinaria mediática cuando sea necesario. Pero cuando el derecho de disponer de sus propios cuerpos ya de adultas incluye sexo con hombres de manera contractual entonces deben ser empujadas a la clandestinidad para ejercer su trabajo, pues necesariamente sus clientes serán clandestinos (con todo lo que ello implica).

6) Criminalizar el sexo contractual no solo violaría el derecho de las personas a trabajar y vivir sus vidas como quieran (llámenlo libre desarrollo de la personalidad o como deseen) sino que empeoraría la situación de muchas mujeres que ejercen voluntariamente ese oficio al "clandestinizarlas".

7) La abolición es imposible. La prohibición no sirve como lo muestran las calles y cárceles en Estados Unidos, mientras que la penalización de clientes se convertiría en una cacería de brujas que invisibilizaría el fenómeno (salvo uno que otro titular amarillista si el "implicado" es importante), desviando recursos policiales y legales en otras áreas, y propiciando además la corrupción y la destrucción de hogares, al margen de si es o no "incorrecto" pagar por sexo o ser infiel.

8) Un buen modelo regulatorio sobre el trabajo sexual o prostitución es el australiano, que reduce fuertemente la explotación al tiempo que da garantías justas a quienes lo ejercen a voluntad.


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